sábado, 22 de agosto de 2009

LAS LEYES ECONÓMICAS DEL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD.-

El marxismo-leninismo enseña que no se debe concebir la naturaleza y la sociedad como una aglomeración fortuita de fenómenos aislados, exentos de relaciones mutuas. Al contrario, todos los fenómenos de la naturaleza y la sociedad guardan relación entre sí y se condicionan mutuamente. Esa profunda relación entre los fenómenos se expresa en las leyes del desarrollo de la naturaleza y la sociedad. La misión de la ciencia es descubrir dichas leyes.

El desarrollo de la sociedad tiene por base las leyes económicas que expresan toda la diversidad de las relaciones sociales de producción, distribución, cambio y consumo. Para la Economía política, como ciencia, tiene mucha importancia el descubrimiento de las leyes económicas que rigen el desarrollo de la sociedad.

Las leyes de la naturaleza y la sociedad poseen un rasgo común: su carácter objetivo, es decir, surgen y actúan independientemente de que las conozcamos o no, de que sea deseable o no una u otra ley. Ello quiere decir que los hombres no pueden crear nuevas leyes. Lo único que pueden hacer es descubrirlas. Ahora bien, el que las leyes sean objetivas no quiere decir que los hombres se vean impotentes ante ellas. Pueden conocerlas y aprovecharlas en beneficio de la sociedad. Así, al conocer la ley de la correspondencia de las relaciones de producción con las fuerzas productivas, el proletariado de los países socialistas, dirigidos por los partidos comunistas y obreros y en alianza con el campesinado, derrocó en su tiempo el Poder de los explotadores y procedió a la construcción de la nueva sociedad.

A diferencia de las leyes de la naturaleza, las leyes económicas poseen varias peculiaridades. La primera peculiaridad consiste en que no son muy duraderas y actúan en el curso de un determinado período histórico. Los móviles fundamentales de la vigencia de las leyes económicas son las condiciones económicas concretas, es decir, las relaciones de producción, la base de la sociedad. Al pasar de una formación a otra, las viejas relaciones de producción se liquidan y son reemplazadas por otras. Esto determina, precisamente, la desaparición de unas leyes económicas de la palestra histórica y el surgimiento de otras.

Por ejemplo, en los países socialistas, a resultas de la liquidación de la propiedad privada capitalista de los medios de producción, surgieron nuevas leyes económicas, mientras que las viejas perdieron su vigor.

En cada formación económico-social actúan muchas leyes económicas. Las que no rigen más que en una formación sola se denominan leyes económicas específicas.

Entre ellas destaca la ley económica fundamental, que determina el objetivo de la sociedad y los medios a emplear para lograrlo.

Además de las específicas existen leyes inherentes a todas las formaciones económico-sociales. Figura entre ellas, por ejemplo, la ley de la correspondencia de las relaciones de producción con las fuerzas productivas. Dicha ley expresa los vínculos indispensables y la interdependencia de los dos aspectos de la producción social, o sea, las fuerzas productivas y las relaciones de producción.

La segunda peculiaridad de las leyes económicas se refiere a su aplicación en la sociedad. Se trata de que, a diferencia de las leyes de la naturaleza, en la que el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley transcurren de un modo más o menos suave, en la esfera económica el descubrimiento y la aplicación de una nueva ley tropiezan con la mayor resistencia por parte de las fuerzas condenadas a desaparecer. La aplicación de las leyes económicas en la sociedad dividida en clases tiene un carácter clasista.

Estas son las peculiaridades de las leyes económicas que las distinguen de las leyes de la naturaleza.

En todos los modos de producción las leyes económicas pueden actuar y manifestarse de modo espontáneo o como “una necesidad hecha conciencia”, es decir, aplicarse de modo consciente.

En las formaciones económico-sociales antagónicas, donde impera la propiedad privada de los medios de producción, las leyes económicas actúan de modo espontáneo, independientemente de que sean conocidas o no. Por ejemplo, bajo el capitalismo proceso de producción tiene carácter social, todas las ramas están vinculadas entre sí y dependen la una de la otra. Pero este carácter social del proceso de producción se basa en la propiedad privada, es decir, cada capitalista persigue en su empresa sus fines de lucro egoístas, trata de obtener el máximo de ganancia. Los vínculos y proporciones necesarios entre las ramas de la producción se plasman espontáneamente, experimentando constantes e innumerables fluctuaciones: hoy abundan unas mercancías, mañana pueden escasear y así sucesivamente. De este modo se explica que las fuerzas económicas actúen respecto a cada capitalista como una fuerza que se halla por encima de él, que no se deja dominar. Como es lógico, unos u otros capitalistas pueden conocer las leyes económicas del capitalismo, pero son impotentes para cambiar el carácter espontáneo de esas leyes.

En el socialismo, la propiedad social sobre los medios de producción crea las premisas para que sean conocidas las leyes económicas y aplicadas conscientemente en beneficio de la sociedad.

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